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memorias


SARA Y GIRON

“Canto y llanto de la tierra/ canto y llanto de la gloria./ Y en ese canto y llanto de la guerra/ nuestra primera victoria/ De luces se llenó el cielo/ de esta tierra insurrecta/ y entre luces se batió seguro/buscando la victoria nuestra…” gorjeaba Sara, con su voz y su alma, conmemorando la Victoria de Playa Girón. Era yo joven cuando escuché por primera vez ese himno al heroísmo y coraje del pueblo y el gobierno cubano, de pie frente a la invasión imperial-mercenaria de abril de 1961, que no pudo arrebatar el triunfo de los barbudos y el pueblo en armas, consagrado a principios de 1959. Girón y Ciego de Avila fueron las armas cubanas derrotando al imperialismo, a esas armas y a ese llanto derramado por los muertos por la Patria, la Revolución y el Socialismo, que se consagró en Cuba durante esos días de fuego, le cantó Sara.

Ahora que no está ente nosotros, está mas presente que nunca. La conocí personalmente en la Nicaragua Sandinista , a principios de los años 80, cuando visitó a aquella segunda revolución triunfante en Indoaméricalatina. Amiga de la compañera nica con la que me hallaba en ese entonces , charló con nosotros un sustancioso “ratico”, que me ayudó a comprender su pasión por la Revolución cubana y ratificar la perspectiva internacionalista que de ella emanaba. Fundadora de la Nueva Trova , peñera en la isla revolucionaria, Sara nos llegó a través del triunfo de aquella Cuba invencible, que en nuestra plena juventud nos alejó de tristezas, dudas y frustraciones, y nos brindó la confianza y la consecuencia revolucionaria que hasta hoy pretendemos seguir ejerciendo.

Sara, Cuba en el canto, se nos fue, pero nos dejó su victoria. Su música glosada de aquella patriada inolvidable, que se hizo mundo a través de su garganta. Esa patriada en la que, “uno no se olvida que no hay libertad regalada”, y en donde “se tiene que luchar y ganar, se tiene que bailar y cantar, se tiene que morir…y crear”.

Sara/Cuba/ Girón estarán siempre en nuestra memoria, en nuestros espíritus y prácticas combatientes en cualquier tiempo que nos quede por vivir. Ahora, “cuando cambia el rojo color del cielo/ por el blanco color de palomas”, seguimos alertas por si acaso, Sara, y no te olvidamos.

De pié, entonando sus himnos, nuestra compañera no descansa. Se nos fue hoy a los 60 años, pero sigue, como tantos otros artistas transmisores de lo bello y digno de ser socializado a los hombres y mujeres de este mundo, llenándonos de vida con su voz y su ejemplo.

Compañera Sara González, siempre serás victoria.

¡Hasta la victoria, siempre!

                                                             Jorge Luis Ubertalli

Por lobogabriel - 2 de Febrero, 2012, 16:39, Categoría: memorias
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Leon Gieco: El ángel de la Bicicleta - Pocho Lepratti:

Pocho, ¿Te acordás Reutemann?, hoy cumpliría 41 años
El 19 de diciembre de 2001, la ciudad de Rosario se quedó sin el Ángel de la Bicicleta. Claudio “Pocho” Lepratti, de 35 años de edad, quien supo hacer del compromiso y la solidaridad una forma de vida, cayó asesinado por la policía, fusilado de un tiro que le reventó la tráquea, efectuado con un perdigón de plomo de una escopeta calibre 12,70, disparado por el policía Esteban Velásquez a siete metros de distancia. Pocho, parado sobre el techo de la escuela donde preparaba la comida para los alumnos, intentó frenar la represión desmedida contra la gente. Gritó a un patrullero que se dirigía a la multitud disparando tiros al aire, y el vehículo policial dio la vuelta. Los oficiales se bajaron apuntando sus armas a Pocho, quien gritó:
-¡Bajen las armas! Acá sólo hay pibes comiendo.
El disparo lo arrojó hacia atrás y su cuerpo se desplomó sobre el techo de chapa.

En ese entonces, el Gobierno de Fernando de la Rúa y su fantasmal Alianza se desmoronaban como una marioneta desarticulada. La continuidad del modelo neoliberal menemista, la concentración de la riqueza, la ciega obediencia al FMI, la política de ajuste, el desmesurado aumento del desempleo y la vertiginosa multiplicación de la pobreza, provocaron una desesperante situación en todo el país. Los postergados de siempre, desocupados e indigentes, ganaron las calles y salieron a tomar de los supermercados los alimentos que la proclamada democracia cotidianamente les negaba.
El Gobierno, arrinconado, no asimiló la gravedad de los hechos. Dispuesto a proteger más sus mezquindades que a cubrir las necesidades de la gente, pretendió sostenerse en el poder a cualquier precio: no ordenó combatir el hambre sino a los hambrientos. Las fuerzas policiales salieron a cazar, no a los denunciados sino a los denunciantes. Los pobres no debían ser asistidos, sino replegados afuerza de golpes y balas nuevamente hacia los barrios, detrás de los muros.
En esas jornadas, la ciudad de Rosario, con un alarmante índice de pobreza, se articuló a la situación nacional. Con más del 20%de desocupación, y más del 10% de la población en villas miseria, la gente se hizo oír.

Pocho Lepratti trabajaba como auxiliar de cocina en el comedor de la escuela número 756 "José M. Serrano" de Las Flores, un barrio duramente azotado por la desocupación y la pobreza, cuyos vecinos se encontraban sumamente movilizados el día 19 hasta que se desató la represión. Pocho se mantuvo expectante durante todo el día. Junto con sus compañeros,subía al techo de la escuela, desde donde se ve la avenida de Circunvalación, una las principales arterias de circulación de la ciudad. El conflicto se desarrollaba a más de 300 metros de la escuela, y cuando pasó el móvil 2270 del comando radio eléctrico, disparando hacia el aire, a reprimir la movilización, Lepratti los increpó a detenerse, porque las balas podían herir a alguno de los niños de la escuela. Fue entonces cuando el patrullero dio la vuelta y se detuvo frente a Pocho. El agente Velásquez, que salió de la parte posterior junto con el agente Pérez, hizo el resto.
La policía, que suele proclamarse una institución al servicio de la comunidad, en momentos de tensión muestra sin reparos su verdadera esencia de pandilla que responde a intereses criminales. Los policías actuaron con la impunidad que les otorgó el Estado para matar a los excluidos. Entre el 19 y 20 de diciembre,mientras oscuros personajes eran protegidos en lujosas mansiones, los luchadores sociales eran asesinados en las calles. La represión dejó un tendal de muertos en todo el país, una innumerable cantidad de heridos miles de detenidos. El mensaje fue claro: el que no se resigna a morir de hambre, muere de bala o cárcel. En este marco, el asesinato de Pocho no fue casual. Él fue elegido por la fuerza pública, fue asesinado como un blanco estratégico.

Pocho estaba comprometido con la fe cristiana. En 1986, a los 20 años, ingresó como seminarista en el instituto salesiano "Ceferino Namuncurá"de la localidad de Funes, provincia de Santa Fe, donde se preparaba para ejercer como hermano coadjutor. Él y sus compañeros seminaristas visitaban distintos barrios durante los fines de semana y hacían trabajos con los jóvenes y los más chicos. De esta manera, y durante cinco años, estuvo en contacto con la gente humilde, y le entusiasmaba la idea de dar mayor continuidad y profundizar esa tarea, pero la Iglesia intentaba convencerlo de que debía posponer ese objetivo para más adelante. Pocho no quería esperar, quería actuar de inmediato, y planteaba estar más tiempo en la villa, cerca de la gente, más comprometido con el barrio. Él pensaba que la fe y la acción no debían marchar separadamente, él quería creer haciendo, y fue ese modo de pensar lo que despertó una contradicción en su misión religiosa. La institución salesiana le negó la propuesta, argumentando que aún le faltaba preparación y que ya habría tiempo para dedicarse a esas actividades más intensamente. Pocho se encontraba en la última etapa del seminario y ya había tomado los votos de castidad y pobreza, pero cuando debió tomar los votos de obediencia decidió abandonar la institución y renunciar a la carrera religiosa. Decidió instalarse directamente en una villa de Rosario ubicada en el barrio Ludueña Norte, donde continuó con sus votos de pobreza y castidad.
En el barrio comenzó a trabajar en comedores populares y docencia solidaria junto con Edgardo Montaldo, un sacerdote emblemático del lugar, con más de 30 años realizando actividades junto a los vecinos. A partir de entonces Pocho abrió y coordinó talleres participativos de formación y aprendizaje, a favor de la educación popular y en contra de la exclusión social. Creó alrededor de diez grupos juveniles, a partir de los cuales abordó y difundió temáticas vinculadas al VIH, salud mental, trabajo infantil y derechos humanos. También impulsó la apertura de talleres de guitarra y organizó campamentos.
De este modo, muchos jóvenes que andaban desocupados y desorientados, alimentando el negocio de la droga y la delincuencia, se vieron contenidos en los talleres y las inquietudes de Pocho.
Junto a otros militantes, Lepratti fundó en 1993 la agrupación conocida como “La Vagancia”, que aglutinó una gran cantidad de jóvenes del barrio orientados a desarrollar diversas actividades. La Vagancia surgió en la Comunidad Sagrada Familia, como un espacio de organización juvenil dispuesto a reivindicar y defender los derechos de los mismos jóvenes.
El grupo solía organizar actividades de cultura popular y música en los espacios públicos, y junto a sus integrantes Pocho se acercó al Centro de la Juventud de la Municipalidad, donde coordinó talleres y organizó cine debate, entre muchas otras actividades, con el objetivo de rescatar la propia historia y la dignidad de estos jóvenes.
Tiempo después “La Vagancia” impulsó, junto con otros grupos, el surgimiento de la revista Ángel de Lata, editada y distribuida por los mismos chicos en situación de riesgo.
Claudio Lepratti además trabajó en la Cocina Centralizada y militó activamente en su condición de empleado estatal. Mediante un acuerdo entre la Municipalidad de Rosario y la Vicaría del Sagrado Corazón del padre Montaldo, trabajó desde el Centro Crecer número 19. Allí repartía semillas a los vecinos del barrio, y el salario que percibía por realizar esta actividad lo destinaba completamente a las actividades del grupo "La Vagancia".
Pocho se entregó incondicionalmente a luchar contra la exclusión social y tenía la enorme capacidad de ver al otro como un hermano. En su vida cotidiana, supo acompañar con los hechos sus palabras y sus pensamientos. Quienes lo conocieron, aseguran que no imponía sus ideas como pensamiento único sino que se preocupaba por hacer circular la palabra y despertar el pensamiento crítico. Los jóvenes que estuvieron junto a él recibieron un valioso legado para enfrentar la adversidad con creatividad y propuestas, sin bajar nunca los brazos y continuar con los estudios a pesar de los obstáculos.
Pocho y su bicicleta eran compañeros inseparables. Cada día, atravesaba pedaleando la ciudad, cubriendo un recorrido de entre ocho y diez kilómetros. Con frío o calor, con lluvia o viento, llegaba a todas partes sobre su rodado. Ésta fue la causa por la que es recordado como un ángel con alas montado en su bicicleta. Cuando recibió el disparo, Pocho cayó hacia atrás y comenzó a desangrarse desplomado sobre el techo de la escuela. Después de haberlo ejecutado, los policías se retiraron sin atender los gritos de auxilio de las demás personas que se encontraban con Claudio. La intención de los agentes era dejarlo morir desangrado ahí mismo.
Pocho fue velado en el patio de la escuelita del padre Edgardo, con el marco de una impresionante muestra de dolor popular. Cientos de personas quisieron darle un último abrazo, antes de que su cuerpo fuera trasladado a Concepción del Uruguay, la tierra que lo viera nacer y en donde ahora descansa.
Luego de su muerte, la Biblioteca Popular Pocho Lepratti fue abierta en su homenaje. Ofrece distintos talleres y se propone recuperar mediante la educación popular, el trabajo que Pocho venía realizando en contra de la exclusión social y por una sociedad igualitaria y participativa.
En el lugar se realizan talleres reflexión, arte, teatro, guitarra, murga y serigrafía. Los jóvenes aprenden oficios que les permiten conseguir empleo, y de allí salen las banderas, las remeras vinculadas a la identidad de este espacio, que también trabaja en coordinación con otros movimientos sociales.
Hoy a Pocho lo llaman Pochormiga. La unión de las dos palabras apareció después de su asesinato, a modo de memoria colectiva y como una reivindicación del trabajo. Él decía que el trabajo de una hormiga quizás pase desapercibido, pero que dos, tres o cuatro ya van haciendo un camino, y muchas miles juntas tienen más fuerza que un elefante. Además, Pocho alentaba a trabajar sin estar pendiente de los resultados, porque sostenía que era el esfuerzo sostenido lo que dejaría una simiente.
Hoy es un símbolo de lucha y solidaridad, dignidad y trabajo. Su nombre se encuentra en las pancartas, en los afiches, en los volantes, en las canciones. Su nombre es recordado en diversos murales y en numerosos festivales, encuentros y manifestaciones. Cientos de paredes rosarinas rezan leyendas de “Pocho vive", "Pocho: tu lucha seguirá", "Pocho vive en el corazón y en los rostros de los que exigen justicia", o "Pocho nos muestra el camino".
Una gran cantidad de comedores populares lo recuerda como un emblema.
Pocho también es representado por una de las tantas bicicletas pintadas en las paredes de Rosario, las cuales evocan a los luchadores que el Estado se llevó y que jamás volvieron.
En Argentina, mientras los bufones y padrinos se multiplican en los cargos públicos y siguen definiendo nuestro destino, los referentes sociales siguen siendo asesinados, siguen siendo desaparecidos.

Por León Gieco

 

envio: aldo luis novelli/ desde los bordes del desierto.- 

Por lobogabriel - 29 de Marzo, 2010, 6:53, Categoría: memorias
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Memoria- Deportistas desaparecidos

Recuerdo

Luis Alberto Ciancio (desaparecido el 7 de diciembre de 1976)

Luis Ciancio hizo en Gimnasia todas las inferiores. Nacido frente a la cancha de Estrella, en Berisso, era un 8 antiguo, con buena pegada, gambeteador, según cuenta su hermano Alejandro que jugó en la tercera del '84. Hasta tercera también llegó Luis, pero varios años antes. El estudio le ganó al fútbol.  A fines del '76, cerca estaba de terminar sus estudios en la Facultad de Ingeniería. Era un teórico del  Partido Comunista en el que militaba. Integrantes de la Marina se lo llevaron de la puerta de Vialidad el 7 de diciembre del '76. Se especula con su cautiverio en el Pozo de Banfield. Tres balas terminaron con su vida. Treinta y tres años después, especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense lo identificaron en una tumba NN del cementerio de Avellaneda. Desde setiembre pasado, descansa en el Cementerio Parque de "su" Berisso. El recuerdo de su vida es esa foto con la camiseta de piqué blanca con una franja azul.

Antonio Enrique Piovoso (desaparecido el 6 de diciembre de 1977)

Le decían "Tano" a Antonio Piovoso. Era de Mones Cazón, partido de Pehuajó y llegó a La Plata para estudiar Arquitectura en la UNLP. Al mismo tiempo, se sumó a Gimnasia a pesar de que su metro setenta y siete quedaba chico en el arco. En el '73 llegó a atajar tres partidos en primera, en tiempos en que Hugo Gatti era amo y señor de los tres palos. Tal vez sea leyenda -y seguramente no- que un disparo de Coco Pascuttini desde 35 metros lo alejó definitivamente del futbol grande. El club Nación de Mar del Plata fue su destino, con Miguel Angel Restelli y Norberto Fabbián. El 6 de diciembre de 1977 fue secuestrado junto a Jorge Martina en un estudio de la Galería Williams. Nunca lo encontraron en la Unidad N° 9. Tampoco en un barco carbonero en el sur. Su caso fue parte del Juicio por la Verdad, de 2002.

Miguel Sánchez (desaparecido el 8 de enero de 1978)

Miguel Benancio Sánchez es el nombre más conocido entre los deportistas víctimas del terrorismo de Estado. Desde 2001 en su homenaje el atletismo disputa "La carrera de Miguel". Miguel era tucumano, de Bella Vista. Cuando un grupo de tareas lo secuestró en Villa España (Berazategui) venía de correr la San Silvestre. Tenía una historia vinculado a la redonda: jugó al fútbol en las inferiores del Lobo hasta que un puesto en el Banco Provincia y la pasión por correr lo obligaron a elegir. Después, llegarían la militancia social, los entrenamientos con Osvaldo Suárez, la JP, los poemas, la San Silvestre el último día de 1977, ocho hombres armados  en su casa del 176 de la calle San Martín, El Vesubio...Hoy una placa lo recuerda en la sede de calle 4.

Blog tripero del periodista deportivo Facundo Aché

http://www.eldia.com.ar/blog3/pt/blog/default.aspx

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Por lobogabriel - 25 de Marzo, 2010, 8:21, Categoría: memorias
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Islas Canarias: LOS TRECE DE FUENCALIENTE

Sábado, 16 septiembre a las 09:01:30

Esther R. Medina Fuencaliente (La Palma) /Canarias 7/13/09/2006

En el Lomo de La Faya, en el pinar de Fuencaliente, reina una paz inquietante. Los restos de los palmeros ejecutados vilmente por la represión franquista conforman una imagen dantesca. Ayer se levantó el primer cuerpo que localizaron los familiares y que fue el último en caer acribillado.


canariasSon cadáveres que parecen clamar justicia, que gritan a voces que por fin se ha descubierto la infamia. Tienen las cuencas oculares llenas de tierra y expresiones de un terror extremo. La muerte les llegó a edad temprana  por defender un gobierno legalmente establecido. No cometieron ningún delito, pero fueron apresados y ejecutados sin compasión por los represores de la dictadura franquista,  individuos ebrios de rencor que no les temblaba en pulso a la hora de apretar el gatillo. De nada sirvió que los represaliados expresaran su inocencia. Un disparo en la cabeza y unas espuertas de tierra sepultaron para siempre sus ilusiones y las de sus familias.

El equipo de arqueólogos que trabaja en las labores de desenterramiento de la fosa común del Lomo de la Faya, en el pinar de  Fuencaliente, han dejado al descubierto las huellas de una etapa dolorosa y negra de la historia de España en general y de La Palma en particular. 70 años después, las heridas no están cerradas. Los familiares quieren que sus muertos salgan a la luz y que se muestre este episodio cruel para que no vuelva a repetirse. No están dispuestos a olvidar. A los seres queridos nunca se les olvida y si murieron de forma cruel -como es el caso- hay que recuperar su memoria.

En la fosa del Lomo de la Faya,  situada en una pendiente arenosa y rodeada de pinos y viñedos,  han aparecido, de momento, seis cuerpos, pero las búsqueda de restos continúa. Los cadáveres acribillados y hacinados evidencian que se empleó contra ellos una brutalidad atroz, irracional.
 
Identificación

Los familiares que se acercan a la excavación, la primera de Canarias que usa metodología científica, buscan desesperadamente algún resto que pueda identificar a su ser querido. Un diente de oro, por ejemplo, puede ser clave para individualizar a un cadáver. Los parientes de los represaliados sufren a menudo altibajos emocionales porque las esperanzas albergadas por la mañana se pueden desvanecer por la tarde. Hasta que no concluye la investigación, los huesos no tendrán nombre y apellido. Las tareas están siendo dirigidas por la arqueóloga Verónica Alberto.

LA GUERRA DE LAS ABUELAS

Las mujeres de los fusilados fueron las verdaderas represaliadas de la Guerra Civil. Ellas no murieron de un tiro en la nuca, ellas sufrieron durante décadas las vejaciones y las miserias que dejó la guerra.
Mi abuela murió sin saber dónde estaba su marido. No sabía si seguía vivo o si había muerto. De hecho, no volvió a saber nada de él desde que en la madrugada del 20 de enero de 1937 lo arrancaron de su casa, lo maniataron, lo golpearon y se lo llevaron, decían, al convento de San Francisco, en Santa Cruz de La Palma, donde entonces estaban los calabozos de los militares franquistas. Hacía poco más de tres años que se habían casado y con 26 años no se resignaba a ser viuda. Buscó, preguntó, le llevó ropa, dinero y comida a la cárcel. Nadie le dio razones de él. No hubo cuerpo que velar ni tumba en la que poner flores. En 1937, hasta legalmente se había quedado sin marido.



Hace cuatro días mi madre tocaba los primeros huecesillos que aparecieron en la fosa de Fuencaliente como si pertenecieran a su padre. «Sólo pensaba en papá, en que aquellos deditos pegados a la suela de alpargata podían ser los suyos... y en mamá, que se murió sin saber nada de él», dice.

El reloj que a mi abuela se le paró hace casi 70 años volvió a funcionar el miércoles. «Y que nadie me diga que hay que olvidar...», repite mi madre una y otra vez cuando ve que la burocracia hace que los minutos se eternicen en permisos y protocolos para poder desenterrar a su padre. «Cuando encontramos las alpargatas fue el día más feliz de mi vida porque encontré a mi padre. Seguro que hubiese sido el día más feliz de la vida de mi madre si estuviera viva».

Pero mi abuela murió apenas un año antes de que oyésemos hablar por primera vez de la vaguada del Lomo de la Faya, en Fuencaliente, donde fusilaron y enterraron a muchos de los alzados contra los militares golpistas. En casa nos quedamos con la duda de su reacción si, como mi madre, hubiese visto el nombre de su marido estampado en un artículo periodístico, identificado como uno de los llamados Los 13 de Fuencaliente, y el lugar donde estaba su cadáver perfectamente identificado. Ella vivió casi medio siglo esperándolo, como lo esperó cuando se fue a Cuba a hacer fortuna para casarse.

Silencio. Muchos años tuvo mi abuela que trabajar duro para sacar adelante a sus hijos, uno de dos años y medio y otra de apenas uno. Sus hermanos recuerdan que fue duro verla regresar a casa de su padre con sus niños, pero en La Galga también recuerdan que nunca bajó la cabeza, atreviéndose incluso a escupirle a la cara a un tal Ballesteros, uno de los guardias civiles que se llevó a su marido a rastras. También lo oyeron a él amenazarla con sacar la pistola y matarla allí mismo.

Mi abuela calló y aguantó mucho, como todas las abuelas a las que los franquistas les mataron los maridos. Ellas sufrieron las vejaciones y las miserias de la guerra, porque fueron las que se quedaron y tuvieron que convivir hasta la muerte con quienes mataron a sus maridos, con su vecino de enfrente, que nada más estallar la guerra se alienaron con los golpistas para ajustar sus cuentas.

Con ellos convivió mi abuela y con sus hijos y sus nietos convivimos mi madre y yo. Mi tío, que emigró a Venezuela muy joven, no olvida cómo hace años se acercó a saludarlo «uno de los que se llevó a papá y a decirme que lo pasado pasado está... casi lo ahogo».

Las primeras flores en casi 70 años

Nunca había habido flores en la tumba de Miguel Hernández Hernández, Floreal Rodríguez Pérez, Víctor Ferraz Armas, Sabino Pérez García, Vidal Felipe Hernández, Antonio Hernández Guerra, Eustaquio Rodríguez Cabrera, Manuel Camacho Lorenzo, Dionisio Hernández Cabrera, Aniceto Rodríguez Pérez, Segundo Rodríguez Pérez , Ángel Hernández Hernández y seguramente algún otro sin identificar que yacen en la fosa de Fuencaliente hallada el miércoles. Marila, Aralda y María Victoria les llevaron flores el jueves. Uno de los ramos tenía los colores de la bandera republicana.

La fuerza de las hijas y las sobrinas

Marila y Aralda se encontraron en 2004 con que los familiares de los otros desaparecidos de la Guerra Civil que seguramente estaban en la misma fosa que su tío y su padre no querían saber nada. Querían olvidar. Ellas movieron cielo y tierra hasta que se encontraron con la abogada María Victoria Hernández que la animó a hacer lo mismo que los hijos de Francisco Rodríguez Betancor, alcalde republicano de Los Llanos de Aridane, en 1994: denunciar en el juzgado la desaparición y excavar la fosa. Los tres jueces que les permitieron ponerse a excavar también
son mujeres.

Los donantes de memoria se mueren

Las historias más oscuras de la Guerra Civil se contaban en las casas, a escondidas. En La Palma, en todas las casas había alguien que sabía que en Fuencaliente los falangistas habían fusilado y enterrado a decenas de personas, pero nadie hablaba. Ahora empiezan a hacerlo. Desde que el miércoles se abrió la fosa común del Lomo de La Faya decenas de personas se han puesto en contacto con los familiares que estuvieron excavando allí para contarles su historia, para decirles que ellos también tiene algún familiar en Fuencaliente. Vecinos de Víctor Ferraz, del grupo de Los 13 de Fuencaliente, llamaron el jueves para contar como la abuela, ya fallecida, increpó hace más de 40 años al dentista que acudió a sacar una muela a alguien de los Ferraz diciéndole: «Matastes su hijo y ahora le vienes a sacarle la muela». El dentista negó que hubiera participado en el asesinato de Víctor Ferraz, pero sí le dijo que sabía donde estaba enterrado. También familiares de Manuel Camacho Lorenzo, de Tazacorte, han hablado y quieren saber de sus restos. De Puntallana, la hija de una anciana encamada desde hace años ha contado estos días que su madre recuerda perfectamente cuándo capturaron a los alzados de Puntallana y quiénes fueron los que lo hicieron. Está dispuesta a dar los nombres que durante décadas no se atrevió a pronunciar. Melo Pérez Díaz fue de los primeros que contó lo que su padre sabía y le encomendó para que se lo dijera a las familias de los desaparecidos. Melo tiene más de 70 años, su padre ya murió y como él muchos de los donantes de memoria están desapareciendo. Los que quedan son los hijos y nietos, que repinten las historias para que no desaparezcan en el olvido.

Las suelas de alpargata que avivaron sentimientos en La Palma y en Arucas

Melo Pérez Díaz llegó el miércoles a la vaguada del Lomo de La Faya convencido de que justo en el lugar donde él iba a indicar se encontrarían restos humanos. Y así fue. A los tres cuartos de hora de empezar a excavar apareció la suela de alpargata del número 41. La respiración de los que estaban en Fuencaliente cavando con picos y azadas se paró. También se paró la de los familiares de los desaparecidos en los pozos de Arucas. No se podían creer que a cientos de kilómetros, en La Palma, gente como ellos que llevan años reivindicando y reclamando recuperar a sus muertos estaban a punto encontrarlos.

Pino Sosa lloró cuando se enteró que habían encontrado una suela de alpargata y que un par de paladas más abajo la otra suela con los huesecillos de dos dedos pegados y luego más huesos, un cráneo con agujeros de bala, otro. «No puede ser, no puede ser...» decía Pino emocionada. La reacción de su prima Balbina Sosa fue exactamente la misma: «Tú no me digas que Aralda encontró a su padre», repetía una y otra vez.

Balbina, Pino y Saro Suárez conocieron a Aralda en la Universidad de Verano de La Gomera a donde acudieron para participar en una jornada temática dedicada a la recuperación de la memoria histórica que coordinaba el historiador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Sergio Millares. Allí también conocieron a Juana Casañas, de El Hierro, y a José Gil, de La Gomera, todos familiares de represaliados de la Guerra Civil.

En Arucas, Pino, presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Arucas, decía el miércoles que era como si estuviera abriendo donde estaba su padre. «Si mi padre estuviera donde está el padre de Aralda yo ya no tendría ni uñas ni dedos de escarbar la tierra». Balbina advierte que «si los nuestros aquí hubieran estado en la orilla del camino, como los de La Palma, ya no tendría dedos; A mi que no me hablen de legalidadades para abrir las fosas como le está ocurriendo a Aralda, porque nosotros no hemos cometido una ilegalidad porque no podemos, porque nuestros muertos están a 50 metros de profundidad, en pozos y cubiertos con cemento».

La historia repetida en miles de ocasiones

Matrimonio ilegal. Después de pasar casi cuatro años en Cuba «para hacer algo de dinero y poder casarnos», contaba mi abuela, por fin, 7 de octubre de 1933 Segundo Rodríguez Pérez y Engracia Hernández Hernández contrajeron matrimonio civil en el Ayuntamiento de Puntallana, al que pertenecía el pueblo de La Galga. Ella llevaba un vestido blanco corto y un bonito sombrero «como los que se usaban entonces», contaba siempre. «¿Y él como iba?», le preguntábamos mi hermana y yo, «pues guapo, cómo va a ser». El matrimonio quedó anulado cuando concluyó la Guerra Civil, como todos los actos administrativos de la República, y mi abuela no se quedó viuda, sino que se convirtió en madre soltera. Nunca tuvo una pensión de viudedad.

Años de búsqueda. Los años que siguieron a la desaparición de mi abuelo fueron los peores. La noche que se lo llevaron, mi abuela casi se vuelve loca. Sus gritos alertaron a los vecinos, pero nadie fue a consolarla, «sólo tío Cipriano que me oyó gritando y atravesó el barranco y vino corriendo a estar con migo», contaba mi abuela cuando alguien le preguntaba. Al día siguiente lo vio por última vez a su marido unos segundos. Estaba en un camión amordazado y atado junto a Ángel Hernández. Durante años preguntó por él pero nadie le dio razones. Los hermanos y los vecinos le impidieron muchas veces ir a cavar al Barranco Hondo donde le habían dicho que estaba enterrado. A punto de morir, con 91 años, se acordó de su marido.

Bajo piedra. Si hoy estuviese viva y con 95 años, mi abuela habría ido a excavar en Fuencaliente. Y hubiese visto que los restos de su marido y de los otros estaban aprisionados con piedras, que estaban enterrados «como se enterraba antes a los animales para que los perros no los desenterraran, con piedras encima».
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envio antonio arroyo silva

Por lobogabriel - 9 de Marzo, 2010, 9:18, Categoría: memorias
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Argentina: sobre Isauro Arancibia

A.17 días del aniversario del golpe, iluminados todavía con la luz del discurso del Presidente del Uruguay, que dijo que: "Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas como en la escuela, escribiendo cien veces debo ocuparme de la educación", En nuestra parte del suelo de la patria grande, ¿qué ocurre con el primer homicidio  ejecutado por el proceso genocida? La ejecución de aquel maestro de escuela de la Pcia. de Tucumán, acribillado el mismo día del golpe, junto a su hermano Arturo, en la sede del sindicato? ¿La memoria conserva viva, en la práctica de sus enseñanzas a este trabajador de la educación, además de recordárselo dando su nombre a escuelas y bibliotecas? Tal vez, el minucioso trabajo de la desmemoria, privó a los más jóvenes de conocerlo, intentaré presentárselos. Los educadores, eran considerados un ente, habitantes de un limbo, que no les exigía pertenencia a la clase trabajadora, que por lo tanto, carecían de derechos, normas y regulaciones laborales.. Uno de los responsables de revelar la condición de de trabajador del educador, fue Isauro Arancibia; el proceso de exterminio a la pretensión de ser  humanos, de  ser organizadamente solidarios, de contar con el ejercicio de derechos, al sólo y exclusivo efecto de saquear, al pueblo y territorio argentinos con los asesinatos de los Arancibia, iniciaba su contundente sometimiento brutal. Hallará Ud. en la información que copio abajo un dato como la cantidad de balazos que impactaron su cuerpo ¿Quién los contó? ¿Sus hermanas, tal vez? ¿Las denunciantes del hecho? Bueno, todavía no fueron llamadas a dar su declaración testimonial. Ni a aportar testigos, y/o datos documentales que pudieran desenrollar esta madeja de 34 años de privación de justicia. En Ud. confío, en Ud. pueblo, en Ud. humano, para que, con la difusión, la reiteración del reclamo, se termine de seguir consumando con la impunidad, la matanza del maestro en su sede gremial. Con Ud. solo no alcanza, pero sin Ud. es imposible que estas hermanas, esta familia tucumana de trabajadores reciban la justicia que reclaman merecidamente, en soledad, hace 34 años. Por la Paz y el Bien. Delia Hermosí L.C. 4.246.907

 

Isauro Arancibia

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Isauro Arancibia fue un maestro y dirigente sindical argentino, oriundo de Monteros, Tucumán. Uno de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). Asesinado el 24 de marzo de 1976.

Maestro rural desde muy joven, llegó a dirigir la Agremiación de Trabajadores de la Educación Provincial (ATEP), y desde allí impulsó la unidad de todos los gremios, principalmente con la FOTIA de Atilio Santillán. Fue protagonista del proceso que llevaría a la fundación de CTERA, de la que fue su Secretario General Adjunto.

En la noche del 24 de marzo, un grupo de tareas integrado por policías y civiles irrumpe en el local de ATEP, donde Arancibia vivía junto a su hermano Arturo. Con dos escopetas de caza, resistieron y dieron muerte a uno de los asesinos, cayendo ellos después. El cuerpo de Isauro Arancibia tenía más de cien balazos.

En su homenaje, una decena de escuelas argentinas llevan su nombre, al igual que el auditorio de la Central de los Trabajadores Argentinos y diversas agrupaciones sindicales docentes. El documental “Maestros del viento” relata su vida, al igual que el libro “La oruga sobre el pizarrón”, del escritor tucumano Eduardo Rozenvaig.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Isauro_Arancibia"

 

FRANCISCO ISAURO ARANCIBIA

Nació en Montero, provincia de Tucumán, el 25 de marzo de 1926. Maestro rural desde muy joven, llegó a dirigir la Agremiación de Trabajadores de la Educación Provincial (ATEP), y desde allí impulsó la unidad de todos los gremios, principalmente con la FOTIA de Atilio Santillán. Fue protagonista del proceso que llevaría a la fundación de CTERA, de la que fue su Secretario General Adjunto.

Llegó a la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales en momentos difíciles. Recibió un gremio empobrecido, con docentes sumergidos económicamente y menospreciados socialmente. Se dio la tarea de canalizar la rebeldía latente en el gremio y orientó la acción hacia conquistas ciertas y verdaderas.
La huelga de 1958 fue una prueba de fuego. La lucha fue ardua pero fructífera ya que logró la unidad de la docencia, cimentada en la confianza con la que el magisterio apoyó su accionar. Se luchaba por la enseñanza laica y libre, por la equiparación salarial de los maestros provinciales con los nacionales.
- Su accionar estuvo dirigido a mejorar la legislación en educación.
...Y lo logró:
- Se crearon las juntas de clasificación con representación docente
- Régimen de licencia.
- Bonificación por zona.
- Bonificación por antigüedad
.
Se lanzó de lleno a consolidar la ATEP , convirtiéndola en una de las organizaciones gremiales más sólidas del país, ganándose el respeto y la admiración de muchos otros gremios. Forjador de Organizaciones Confederales como C.G.E.R.A. que luego integraría el Acuerdo de Nucleamiento Docentes (1970), paso previo a la constitución de la futura CTERA, de cuya Junta Ejecutiva fue el primer Secretario Adjunto.
Arancibia no se limitó a ser sólo gremialista, fue un luchador social y, como tal, trabajó junto a los obreros tucumanos del azúcar por sus reivindicaciones. La defensa de los derechos humanos también lo tuvo como protagonista. En junio de 1975 contribuye activamente a la formación de una Comisión de Derechos Humanos, que luego se plasmará en la ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS, cuya mesa integró.
Tenía gran fe en la educación como formadora de valores esenciales. Pensaba que era imprescindible darle un impulso renovador, transformador y creador. La Escuela Pública Argentina tuvo en él un defensor inclaudicable que luchó contra la injusticia y el privilegio. Y los docentes, un ejemplo permanente de coraje y consecuencia en la organización de los trabajadores.
Isauro sabía que lo consideraban “peligroso” y había sido amenazado por la Triple A.
"Francisco Isauro Arancibia ya te advertimos una vez lobo disfrazado de oveja, están sentenciado a muerte: serás ejecutado como todos los extremistas. Te damos la última oportunidad: debes desaparecer antes del 1 de marzo cuando terminemos en Córdoba se inicia la etapa final en Tucumán. ‘Adiós guerrillero' A.A.A.".
Francisco Isauro y Arturo René Arancibia, su hermano, fueron asesinados el 24 de marzo de 1976 por personal civil y policial en el local de la Agremiación de Educadores de la Provincia (A.T.E.P.) donde residían.

envio delia hermosi

Por lobogabriel - 7 de Marzo, 2010, 8:35, Categoría: memorias
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Sandino, pensador y luchador contra todo dominio opresor


Ponencia presentada en la XI Cátedra Bolívar, Martí y Sandino, “Pensadores Emancipadores de Nuestra América” realizada en la Habana, Cuba, los días 08 y 09 de febrero de 2010

Sandino, pensador y luchador contra todo dominio opresor

Manuel Moncada Fonseca


La derecha criolla declara que Sandino es, a secas, de todos los y las nicaragüenses. No tenemos nada que objetar a semejante aseveración, salvo el hecho de que el Padre de la Nación para todos y todas; el inspirador de la creación del FSLN en 1961 y de la Revolución Sandinista que triunfa el 19 de julio de 1979 y se mantiene hasta nuestros días cada vez más fuerte, no tiene nada que ver con los oligarcas, opresores y traidores a la causa libertaria del pueblo nicaragüense. En consecuencia, Sandino no es de los y las nicaragüenses sin excepción. Por el contrario, es de los que aman sin reservas a la nación entendida como pueblo, como mayorías, como marginados y oprimidos. Es del pueblo, de nadie más. Cualquier otra versión de las cosas relativas al héroe representa una flagrante deformación de su gesta que debe ser invariablemente rechazada. Examinaremos a continuación sus propios escritos para darle soporte a nuestros planteos.


I. Inteligencia, sensibilidad y entrega total a la lucha

Sólo un ser sensible, inquieto ante lo que ocurre a su alrededor y en todo el planeta con los pueblos en su totalidad, puede sentirse constantemente desilusionado ante lo que observa allí donde llega, en cualquier país donde se encuentre.

Sólo una persona así, con auténtica fibra humanista, puede apreciar que los hombres “… de gran mentalidad, se ensoberbecen con frecuencia”, olvidándose de su condición de mortales al “traficar con la justicia y con la carne humana”; sólo un ser así, como él, puede comprender cómo “las buenas doctrinas son menospreciadas por hombres sin escrúpulos”, en función de alcanzar prebendas. Sólo alguien capaz de indignarse por completo ante las injusticias sociales, puede tener la conciencia plena necesaria para moverse en contra de la inacción y la indiferencia ante semejante orden de cosas. (1: 69-70)

Más aún, sólo una persona sensible y de mente amplia puede tener la certeza de lo imprescindible que resulta guiarse siempre por las circunstancias históricas y no por subjetivismos de una u otra índole. Sólo alguien por entero comprometido con la justicia popular puede contar con la más firme determinación para luchar hasta el final por esa causa. En las décadas del veinte y del treinta del siglo XX, entre los nicaragüenses, Sandino reúne, más que ningún otro, todos esos atributos, inteligencia, sensibilidad, determinación para luchar hasta el fin y necesidad constante de escudriñar cotidianamente la realidad impuesta a los pueblos del continente americano, en particular, al nicaragüense. Por eso, el héroe refiere que, en México, junto a un grupo de espiritualistas, “día a día”, comenta “la sumisión de nuestros pueblos […] ante el avance hipócrita o por la fuerza del asesino imperio yanqui.” (1:79)

Sólo alguien con sensibilidad, gran inteligencia, resolución y permanentemente inquieto puede aprender rápido a conocer al enemigo de clase; a desentrañar su verdadera faz. Por ello, Sandino expresa que colocado ya en el teatro de los acontecimientos; esto es, incorporado en las filas de la Guerra Constitucionalista de 1926-1927, durante la cual crea su propia columna (la Segoviana), se encuentra “con que […] conservadores y liberales, son una bola de cobardes, canallas y traidores”, incapaces de “dirigir a un pueblo patriota y valeroso” como el nicaragüense.

Mas las cosas no acaban acá: la identificació n de Sandino con el pueblo lo lleva a la plena comprensión de que, como reza el dicho, sólo el pueblo, salva al pueblo; sólo él puede llevar la lucha hasta las últimas consecuencias. (1:70) Y, sobre esta base, sólo alguien así puede plantearse, sin vacilaciones de por medio, la toma del poder por el pueblo; la toma “de las riendas del poder nacional para mejor suerte de la Patria”. (1:80)

Sólo Sandino y sus soldados de ese entonces -y de épocas posteriores hasta llegar al presente-, pueden responder con verdadero aplomo al yanqui invasor, que decide a su antojo sobre el territorio nacional lo que más convenga a sus interes, como la declaración de zonas neutrales que el héroe promete atacar a donde sea. (1:89) Sólo él y quienes lo rodean puede rechazar un soborno, chantaje o amenaza para deponer las armas. Sólo ellos pueden expresar su profundo desprecio por aquél que, el 4 de mayo de 1927, pretende ponerle fin a la lucha del pueblo por su liberación, al quererla vender “cómo a una partida de bestias”. Todo por embolsarse la promesa de la presidencia hecha por el invasor yanqui. (1: 97) “Era yo –anota el patriota- el único opositor, entre todos los jefes del Ejército [liberal o constitucionalista] , al Pacto Moncada-Stimson.” (1:100)

Y como muestra de su voluntad inquebrantable de continuar la lucha tras la firma de ese pacto de mayo de 1927, Sandino invita “a muchos del Ejército” bajo su “mando a quedarse en sus hogares”, pues comprende “que no estaban dispuestos al sacrificio”. (1: 101) “No me importa –dice- que se me venga el mundo encima, pero cumpliremos con un deber sagrado.” (1:106) Todo porque para él es preferible hacerse “morir como rebeldes y no vivir como esclavos…” (1: 108-109) Así las cosas, emplazando al enemigo de clase a nivel local, propiamente a José María Moncada, le expresa: “Indudablemente conoce mi temperamento y sabe que soy inquebrantable. Ahora quiero que venga a desarmarme.. .” (1: 111)

Es esa plena correspondencia entre el sentir, pensar y actuar de Sandino, lo que justamente lleva a sus soldados a creer en él, no ciegamente, como piensa la reacción, sino por convicción. En efecto, soldados del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN), entrevistados al respecto, sostuvieron: “No seguimos ciegamente al general Sandino; lo seguimos, porque nos ha dado razones que comprendemos son ciertas, y porque sabemos que la verdad es su norma de conducta.” (i)

II. La espada de Sandino

Desde el 1º de julio de 1927, Sandino rebela entera la esencia y naturaleza de su propuesta patriótica; expresa de forma inequívoca la razón de su lucha, su fuente de inspiración y sus metas. Por sobre todas las cosas, declara su orgullo porque en sus venas circula la sangre india que para él encierra, por atavismo, “el misterio de ser patriota leal y sincero”, lo que asocia con el internacionalismo, que define como “el derecho de ser libre y hacer justicia”, así sea a costa de la vida. Anota que no le importa que los oligarcas lo llamen plebeyo, porque su “mayor honra es surgir del seno de los oprimidos”, a los que estima “alma y nervio de la raza”. Pero siendo internacionalista, su rechazo no es sólo contra los oligarcas locales, sino también contra los que gobiernan el mundo y sus adeptos en todas las latitudes. Por ello, llama a la bandera de EEUU “la bandera más asesina de los pueblos débiles y enemiga de nuestra raza e idioma.” Mas el culmen de su pensamiento y acción lo manifiesta así:

“…ante la Patria y ante la Historia juro que mi espada defenderá el decoro nacional y dará la redención a los oprimidos”. (1:117-119)

Detengámonos un poco en esta declaración: innumerables veces, hemos dicho que estas palabras encierran todo el pensamiento, sentir y acción de Sandino. No se queda a mitad de camino, con el sólo “mi espada defenderá el decoro nacional” que, en teoría, es un recurso o declaración que cualquier político, de izquierda, derecha o de lo que indebidamente se conoce como “centro”, puede usar o pronunciar, sin mayor compromiso hacia adelante; sino que las lleva hasta sus últimas consecuencias, sobrepasando, como lo demostró su práctica con creces, lo meramente expresado: “… y dará la redención de los oprimidos”.

En verdad, la soberanía nacional, el decoro nacional o como se le quiera llamar, se ha visto mancillado/a incontables veces en la historia, y lo sigue siendo en el presente. Obsérvese, por ejemplo, la conducta de mandatarios como Álvaro Uribe y los golpistas hondureños, y percibiremos de inmediato una supuesta preocupación por el asunto; el de Colombia la lleva al grado de conferirle carácter regional a lo que llama lucha antiterrorista, cayendo en el mismo plano que siempre han adoptado los mandatarios yanquis, quienes, desde la Doctrina Monroe, proclamada en 1823, y el Destino Manifiesto que le siguió, defienden su “seguridad nacional” a escala planetaria… En Honduras, desde el golpe de estado contra el ex presidente constitucional Manuel Zelaya a la fecha, al contrario de lo que “oficialmente” se afirma, la soberanía nacional está entregada por completo al interventor yanqui; de igual forma que la estuvo la nicaragüense desde la llamada restauración conservadora (1910-1928), hasta la dictadura militar somocista (1934-1979), así como durante los gobiernos neoliberales (1990-2006).

La redención del oprimido en cambio, desde su mismo planteo, ya de por sí constituye un plano subversivo, atrevido, rebelde que, por lo mismo, nunca se queda en mera declaración. La razón de ello estriba en que ella nace, se desarrolla y se hace realidad sólo desde abajo y, desde allí, se garantiza en verdad el decoro nacional. Esa redención constituye por ello el todo revolucionario. Por consiguiente, para Sandino el amor a la Patria no es un conjunto vacío, por el contrario, se cristaliza “en la redención de los obreros y artesanos nicaragüenses” . No por casualidad, en sus filas la mayoría son artesanos y obreros de todo el país. Lo que no es para nada un hecho fortuito, puesto que entre ellos resalta “la lealtad para defender nuestro idealismo”. (1:167-168) En lo esencial, aunque da su contribución personal a esta lucha con mucha fuerza moral, combatividad y gran genio, Sandino expresa el sentir, las exigencias y las metas de los marginados, de las mayorías, de los explotados.

En contraposició n con ello, José María Moncada, expresa intereses imperiales y oligárquicos. Reflexionando sobre la conducta de este personajes, Sandino manifiesta que “Moncada ignora, desconoce, lo que es la necesidad y el sufrimiento de la clase obrera”, justamente porque no es parte de ella, misma que se abre “camino con el trabajo material, a puñetazo limpio, para mal comer y mal vestirse.” Sandino expresa así una posición diametralmente distinta a la del que consintió la “pacificación” de Nicaragua el 4 de Mayo de 1927, a cambio de una presidencia prometida, que asumirá en enero de 1929. Por el contrario, el jefe guerrillero manifiesta que para sí mismo no quiere nada; que sólo desea “la redención de la clase obrera”. (1:124-125) El desprendimiento de su lucha queda expresado como él mismo señala, en el hecho que el EDSNN no admite sueldo alguno. (1:143) Su lucha se ciñe así, estrictamente, a la salvación de la patria (entendiendo por ello pueblo, mayorías, oprimidos, marginados); no guarda entonces relación alguna con el capital. (1: 187)

Continuando el legado de Bolívar, Sandino no sólo habla por Nicaragua, aunque parta de la misma, habla de toda America Latina y del Caribe. Por ello, plantea que la civilización exige la apertura de un canal interoceánico por Nicaragua, pero con capital de todo el mundo y no sólo de EEUU. Más aún, la mitad de todo ese capital debe, a su parecer, venir de America latina. Con la construcción de este canal y su explotación, Nicaragua en la visión del héroe, podrá recibir los impuestos que, por justicia y derecho, le correspondan. Con ello, el país contaría con los recursos necesarios para cruzar todo el territorio nacional de ferrocarriles y para educar al pueblo nicaragüense en un “verdadero ambiente de democracia efectiva.” (1:120)

III. El odio al invasor y los traidores, su justificación y legitimidad histórica

Sandino jamás oculta su odio a los invasores y traidores, así como a todo el orden social por ellos impuestos. “La ironía de los libertadores reflejábase en la mirada; su sarcástica sonrisa acentuaba la expresión de odio a los invasores…”, anota (1:215)

Pero ese odio está más que justificado, es por entero necesario. Reflejando la procedencia de semejante sentimiento, acusa: “Centenares de doncellas y respetables matronas han sido violadas; muchísimas de ellas perecieron después de afrentarlas; asesinadas por los que estaban haciendo creer al mundo el desinterés que tienen [los invasores] para pacificar a nuestro país”. (1: 219) Es por delitos tan atroces como esos, y no por sentimientos sin causa aparente, que los patriotas sienten “mucho odio santo” por “esas fieras humanas”. (1: 219)

Los interventores siembran el terror, asesinan, violan, roban, incendian humildes hogares campesinos, destruyen todo lo que encuentran a su paso, llenan al país de luto y consternación y, por si fuera poco, dejan “en la orfandad a millares de niños, y sin ayuda alguna a las viudas e inválidos.” (1:221) Por lo mismo, con la autoridad moral que le da su entrega sin límites a la lucha libertaria del pueblo nicaragüense, Sandino devuelve las acusaciones en su contra a la cancha del enemigo:

“Sé que me llaman en Washington bandido, pero Sandino y sus hombres nunca violarán mujeres, ni mutilarán cadáveres de sus enemigos”. (1:268)

Respondiendo a tanto crimen y destrucción, dice: “…la infinidad de huérfanos que dejó la traición, tuvieron que llegar a la edad en que el niño, convertido en hombre libre, reclama sus derechos a los que han matado por la fuerza el principio de libertad, y es por eso que los esclavistas tiemblan al reflexionar que la vindicta pública tendrá que sancionar tan negro crimen.” (1:177)

Con todo, el héroe no se deja arrastrar por el odio de clase hacia el enemigo. Hay momentos, así, en que sopesa acciones como la de pegar fuego a toda una ciudad ocupada por el invasor, evitándola ante el hecho que “había muchos inocentes que hubieran sufrido las consecuencias” . (1:129-133) Más aún, señala que en Ocotal debió sacrificar el triunfo completo para no afectar más de lo necesario la suerte de compatriotas que estaban del lado del invasor. (1:134) Acusa, asimismo, que el amor a su causa es tan grande que está dispuesto “a perdonar a todos”. (1: 199)

Exponiendo la rudeza de la guerra contra el invasor, Sandino expresa que resulta natural que al que viola la soberanía de una nación se le exponga a morir de “la forma que haya lugar”; añadiendo que “tal es el derecho que le asiste al verdadero patriota al defender su Patria”. (1:177) A pesar de todo, no dejaba de reconocer la humanidad del invasor. Por ello aclara: “…no tenemos interés [por] las vidas de nuestros enemigos, y solamente luchamos por la libertad de nuestra patria.” (1:180) Y aunque llama a combatirlos con las armas en la mano, no lo hace porque sea partidario de la pena de muerte, sino por las circunstancia de la guerra de agresión impuesta a la nación. (1:110)

Sandino vence, pues, su propio odio al enemigo y, pese a todo, coloca el amor en primer término. Actúa a lo Martí, quien dice: “¡No se bata / Sino al que odie al amor!: ¡Únjanse presto / Soldados del amor los hombres todos! / ¡La tierra entera marcha a la conquista / De este rey y señor, que guarda el cielo!”(ii)

Anticolonialismo, anticolonialidad y antiimperialismo

La derecha nicaragüense constantemente reduce la posición de Sandino a un plano en extremo reducido; lo pinta como un simple nacionalista, sin fondo popular y, por tanto, sin contenido real. Sin embargo, las ideas y acciones del héroe y hasta su propio asesinato el 21 de febrero de 1934, perpetrado por parte del imperio y los oligarcas internos de toda laya y aplaudido por las expresiones políticas y religiosas de estas fuerzas criollas, demuestran que sus miras son amplias, contemplan la plena liberación nacional y social del pueblo nicaragüense y abrazan, de fondo, el internacionalismo, particularmente el latinoamericanismo. No en vano, Sandino se llama hijo de Bolívar. (1: 269) Veamos una muestra muy clara de su amplitud de miras:

“Los piratas yanquis – anota- nos están asesinando en plena luz del día y en presencia de todas las naciones que en todas las épocas se han distinguido como conquistadores y esclavistas tales como Inglaterra, Alemania Francia e Italia.” Y a renglón seguido añade: “Parece que todas estas naciones, así como España, tienen algún secreto convenio de hacerse las sordas ante los lamentos que exhalan los débiles cuando se encuentran bajo la bota brutal de alguna de ellas”. (1:262-263)

Mostrando su comprensión del vínculo indisoluble entre imperialismo y capitalismo, Sandino acota: “…el capitalismo norteamericano ha llegado a la última etapa de su desarrollo, transformándose como consecuencia en imperialismo.” (1:341) ¿No suena acá, acaso, una influencia de Lenin en Sandino? ¿No nos traen a la mente estas palabras la obra de este líder de la revolución socialista de 1917 en Rusia El imperialismo fase superior del capitalismo?

Pero así como fustiga al imperio, Sandino igual lo hace contra los colonialistas internos; a los que se constituyen en fuerza social de apoyo al intervencionismo yanqui: “He visto un manifiesto de Moncada -escribe- donde dice que cuando nos independizamos no lo merecíamos, y que por eso él era partidario de la intervención. ¡Que bruto ese imbécil! ¿Qué puede esperar el pueblo del hipócrita que se ha servido de la sangre de los héroes para alcanzar prebendas y puestos públicos? El pueblo que lo juzgue” (1:166) Por la misma razón, expone que “…a los instrumentos de la intervención yanqui, y a los que la llamaron y se han empeñado en mantenerla [también] se les acerca la hora de ajustar cuentas.” (1:288)

Con todo, en aras de buscarle un solución interna al conflicto armado que afecta a Nicaragua, en carta a José María Moncada del 1º de enero de 1929, Sandino anota: “Al buscarle a usted para un arreglo, no se equivoque, tomándolo como una debilidad nuestra; lo que en este caso nos anima, es que el yanqui no encuentre pretexto para continuar hollando nuestro suelo patrio y, al mismo tiempo, probar al mundo civilizado que los nicaragüenses somos capaces de arreglar por nosotros mismos nuestros asuntos internos como nación libre y soberana.” (1:294)

En un plano mucho más amplio, exponiendo su latinoamericanismo, Sandino expresa: “Mi Patria aquella por la que lucho, tiene por fronteras la América Española…” (1:269) La misma idea la expone de esta otra forma: “Ustedes [se refiere a intelectuales latinoamericanos como Froilán Turcios de Honduras] están en la obligación de hacer comprender al pueblo de América Latina, que entre nosotros no deben existir fronteras, ya que todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana, porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente del imperialismo yanqui.” (1:270-271) ¿Podemos en la actualidad poner en duda la vigencia de tales palabras, sabiendo con certeza que el imperio cuenta con flotas infernales, como la IV, que recorre amenazante a Nuestraamérica entera y hasta una tecnología absolutamente perversa, como la HAARP, misma a la que se le atribuye el terremoto de Haití? (iii)

Lleva las cosas aún más lejos y soñando con la liberación social de todos los pueblos de la tierra, Sandino expone la necesidad de una etapa superior de lucha que establezca “principios de fraternidad universal” y, además, condene de modo absoluto “toda conquista y dominación de un pueblo por otro pueblo.” (1:357)

Mas, la lucha de Sandino no guarda relación alguna con las dimensiones del dominio imperialista; no cae en el plano de dar al invasor lo que desea, para reducir el impacto de su agresión contra Nicaragua, como lo plantea, por ejemplo, el teórico conservador Carlos Cuadra Pasos. Para tener una idea más completa de este asunto, traemos a colación lo que expresáramos en un artículo sobre la mentalidad de este personaje (iv):

Anselmo Rivas, parlamentario de la época conservadora, citado por Cuadra Pasos por compartir sus posiciones, sostenía que el tratado Chamorro-Bryan puso en calma el ánimo del Norte, garantizándole lo que le podía interesar de Nicaragua, y colocó a ésta en condiciones favorables para reducir la intervención foránea, en lo posible, a “términos aprovechables” . Correspondió a Adolfo Díaz, continua, no desaprovechar esa ocasión de recortar “la intervención en sus detalles más enojosos”. Se trataba de conservar a mano un arma para mostrarla “al que iba a decidirlo todo, o sea al Departamento de Estado”. Concluye diciendo que es claro el interés de la diplomacia estadounidense en lograr lo que necesitan de nuestros países, excluyendo “toda violencia”.

Al contrario de esta posición por completo entreguista que ha caracterizado a los oligarcas de muchas partes de Nuestra América, Sandino afirma: “Nosotros no protestamos contra la magnitud de la intervención, sino sencillamente contra la intervención.” (1: 242)

No en vano, habla de autonomía absoluta, explicando que ni directa, ni indirectamente, EEUU, ni ninguna otra potencia, deben decidir los destinos de Nicaragua; y que los gobernantes nicaragüenses tampoco deben subordinarse en ningún sentido a intereses foráneos. (1:317) Para él, ningún extraño, por poderoso que sea, tiene el derecho de imponer condiciones que sólo deben ser competencia de los nacionales. (1:136) Mucho menos que acepte las “humillaciones de los expansionistas piratas de dollars”. (1:151) En segundo lugar, sentencia que “Nicaragua no debe ser patrimonio de determinado grupo o Partido”. Por ello se expresa tanto contra los invasores como contra los oligarcas y traidores, a los que se propone desplazar del poder. (1:142)

Demostrando un conocimiento exacto del invasor señala: “Donde esté el norteamericano, estará la perfidia y la traición. ¡Son egoístas y glotones! En nombre del amor, del bien y la piedad, se meterá en vuestra casa; luego se quedará con ella, dominará a tu esposa y mandará despóticamente a tus hijos”. (1:163) Y desnudando la hipocresía y el intervencionismo del imperio contra Nicaragua, Sandino, quien aprovecha cuanto foro internacional le sea posible con ese fin, envía a los participantes de la VI Conferencia Panamericana, celebrada en la Habana, Cuba, en 1928, el siguiente mensaje:

“… protesto contra hipocresía de Coolidge, que habla de buena voluntad y manda ejército para asesinar nicaragüenses.” Mas en el mismo mensaje no se limita sólo a denunciar al imperio, lo hace también contra sus cómplices en el continente: “... protesto contra indiferencia y servilismo delegados latinoamericanos enfrente agresiones de Estados Unidos.” (1:223)

Y lejos de aceptar que se le tilde de bandolero, Sandino plantea que son terribles delincuentes sólo aquellos que traicionan a su patria y los que tratan de humillar al débil con invasiones punibles. (1:171) No extraña que responda a la intimidación o a las falsas apelaciones a que recurre el invasor con palabras como las que dirige al almirante D. F. Sellers: “El patriotismo a que usted apela, es el que me ha estado manteniendo para repeler la fuerza con la fuerza, desconociendo en absoluto toda intromisión del gobierno de usted en los asuntos interiores de nuestra nación…” (1: 292)

En los decretos de su ejército se llama traidores a los que celebran pactos secretos con el enemigo; a los que prestan ayuda al invasor, a los nacionales que asesinan a compatriotas, a los que suministran informes oficiales en contra de los nacionales y a los que solicitan protección de los invasores. (1:174)

Siempre más allá...

Siempre hemos visto como expresión de un pensamiento muy profundo el siguiente planteamiento de Sandino, en el que, a nuestro entender revela, una clara comprensión de la historia comparable a la que el marxismo posee al respecto:

“La tierra produce todo lo necesario para la alegría y comodidades del género humano, pero, como hemos dicho, por largos millones de siglos la injusticia se enseñoreó sobre la tierra y las grandes existencias de lo necesario para la vida del género humano han estado en manos de unos pocos señorones, y la gran mayoría de los pueblos careciendo hasta de lo indispensable y quizás hasta se han muerto de hambre, después de haber producido aún con su sudor lo que otros derrochan con francachela pero ya habrá justicia y la guerra de los opresores de pueblos libres será matada por la guerra de libertadores, y después habrá justicia y como consecuencia habrá paz sobre la tierra.” (2: 147)

Como podemos apreciar en lo que acabamos de leer, el problema mayor de la humanidad tiene su origen en la aparición y mantenimiento de la propiedad privada sobre los medios de producción. A eso se refiere Sandino cuando habla de que “las grandes existencias de lo necesario para la vida del género humano han estado en manos de unos poco señorones”, lo que ha provocado, en la visión del héroe, que la mayoría de los pueblos carezcan hasta de lo indispensable, pese a que son los que con su trabajo producen lo que otros han derrochado.

En segundo lugar, propone como solución a esa contradicción inherente a los sistemas opresores, particularmente, al capitalismo, la lucha de clases de los oprimidos contra los explotadores a escala internacional.

En tercer lugar, se encierra la convicción de que sólo sobre la base de la justicia social, asociada a la expropiación de los medios de producción en manos de unos cuantos, puede haber paz sobre la tierra.

Para reforzar lo planteado, recurramos a otras ideas de Sandino: “Con los obreros y campesinos quiero forjar una nueva Nicaragua. Vamos a organizarlos.” (2:362) “Vamos a despalar la montaña y hacer una agricultura cooperativizada, donde todos seamos hermanos. Esos campesinos son unos grandes trabajadores. Vamos a poner escuelas, a construir ciudades. Nos llevaremos del pacífico a carpinteros, mecánicos, talabarteros, sastres, para que tengamos de todo. Eso sí, nada de borrachines, vagos, egoístas, explotadores. Todo será en cooperativas.” “Ahora los campesinos no tienen nada, pero lo tendrán todo. No saben leer ni escribir y los explotan inmisericordemente. No permitiremos a esos policastros, sinvergüenzas y corrompidos. Vamos a eliminar los partidos liberal y conservador.” (2: 364)

Por si lo dicho fuera poco para decir que Sandino abraza ideales que sobrepasan con creces la solución de los problemas sociales dentro de los marcos del capitalismo, conozcamos lo que el Guerrillero Proletario responde sobre Farabundo Martí, fundador del Partido Comunista de El Salvador: “Con Farabundo conversé muchas veces sobre cuestiones políticas y sociales. Insistía en transformar mi lucha en una lucha por el socialismo. Estaba de acuerdo con todas sus ideas y admiraba su talento, su sinceridad, pero le explicaba que por el momento, no era eso lo que cabía y que mi lucha debía seguir siendo nacionalista y antimperialista. Le explicaba que lo primero era defender al pueblo nicaragüense de la garra imperialista liberarlo de ella echando de nuestro suelo a esos perros y a las compañías yanquis, y que el siguiente paso era organizar a los obreros. Su entusiasmo y buena fe me dejaron una viva impresión y mucho lamenté su muerte. (2: 366)

Nada, pues, de lo expuesto directamente sobre la base del pensamiento vivo del héroe puede servir de fundamento para afirmar, como lo hace el diario ultraderechista La Prensa (v), en su edición del 23 de febrero de 2009, en un editorial titulado “¿Qué diría Sandino?” que éste magno patriota nicaragüense es “nacionalista, pero nunca comunista”, sugiriendo así que su nacionalismo no tiene nada en común con el anticolonialismo, la anticolonialidad, el antiimperialismo y el anticapitalismo. No en vano, Carlos Fonseca (vi) señala que a todo lo largo de la gesta sandinista de 1927-1934, se advierte en ella “la identificació n con las ideas sociales lindantes con el socialismo.” Además, la supuesta aceptación a Sandino que la derecha criolla en todas sus versiones declara, nos recuerda aquellas palabras de Lenin en las que este líder bolchevique denuncia cómo los opresores persiguen con saña a los héroes populares mientras se encuentran vivos y cómo pretenden convertirlos en iconos inofensivos de sus propios intereses cuando ya no se encuentran entre los vivos. (vii)


Bibliografía:

1. A. C. Sandino. El pensamiento vivo. Introducción, selección y notas de Sergio Ramírez. Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1981. Obra en dos tomos. Tomo 1

2. A. C. Sandino. El pensamiento vivo. Introducción, selección y notas de Sergio Ramírez. Editorial Nieva Nicaragua, Managua, 1984. Obra en dos tomos. Tomo 2.

i. Alemán Bolaños, Gustavo. Sandino el Libertador. Editorial Nueva Década. San José, Costa Rica. 1980. pp. 190-191.

ii. Cintio Vitier. SOBRE EL HUMANISMO DE JOSÉ MARTÍ. Aniversario 150 del Natalicio de José Martí

www.josemarti.cu/.../Cintio% 20Vitier. %20Sobre%20el%20humanismo%20en%20JM.doc -

iii. Jaime Bergamin Leighton. /ENcontrARTE.¡JÁRP!” http://encontrarte. aporrea.org/ misc/122/ a16990.html

iv. Manuel Moncada Fonseca. “Carlos Cuadra Pasos Un Ideólogo del Conservatismo y de la Intervención.” http://www.euram. com.ni/pverdes/ Articulos/ manuel_moncada_ fonseca_139. htm

v. La Prensa. “¿Qué diría Sandino?” http://archivo. laprensa. com.ni/archivo/ 2009/febrero/ 23/noticias/ editorial/

vi. Carlos Fonseca. Obras. Tomo 2. Viva Sandino. Recopilación de textos del Instituto de Estudios del Sandinismo. Editorial Nueva Nicaragua, 1985. p. 68.

vii. V. Lenin. El Estado y la revolución. En: VI. Lenin: Obras escogidas en doce tomos. Tomo VII. Editorial Progreso Moscú. 1977. p. 3.

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Por lobogabriel - 23 de Febrero, 2010, 14:28, Categoría: memorias
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Che: Ciudadano de América y del mundo

Por Yuniel Labacena Romero

otras007.gifEl 9 de febrero de 1959 el gobierno de Cuba le concedió la condición de cubano por nacimiento al Comandante Ernesto Guevara de la Serna

A pocas semanas del triunfo revolucionario, el 9 de febrero de 1959, por acuerdo del Consejo de Ministros se le concedió la condición de cubano por nacimiento al Comandante Ernesto Guevara de la Serna, en virtud de los servicios prestados al país y del inciso c, artículo 12 de la Ley Fundamental de la República, que mantenía vigente los postulados de la Constitución de 1940.

En ese acápite se definían que son cubanos por nacimiento: «Los extranjeros que hubiesen servido a la lucha armada contra la tiranía batistiana derrocada el 31 de diciembre de 1958 en las filas del Ejército Rebelde durante dos años o más y hubiesen ostentado el grado de Comandante durante un año por lo menos, siempre que acredite esas condiciones en la forma que la Ley disponga».

La noticia se dio a conocer el día siguiente en el periódico Revolución donde se reseñaban varios artículos de la Ley Fundamental aprobados el día 7, y entre ellos se expresaba: «De este modo se considera ciudadano cubano por nacimiento al Comandante Ernesto Guevara por las mismas razones que tuvieron los constituyentitas de 1901 y 1940 para considerar al Generalísimo Máximo Gómez».

El Che había acumulado tales derechos por sus cualidades personales y su pensamiento revolucionario, que le habían granjeado el respeto del pueblo y convertido en una de las figuras más notables de la Revolución Cubana.

Para el Che, aquel gesto de los cubanos lo comprometía y emocionaba; por ello se consideró a sí mismo soldado de esta Revolución.

En la carta de despedida al pueblo cubano, y en especial a Fidel, dio muestras de su cubanía: «Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla, llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta con creces cualquier desgarradura.

«Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti… Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré».

De procedencia argentina, Cuba le confirió su nacionalidad al combatiente internacionalista; al médico y primer expedicionario del yate Granma ascendido a Comandante; al luchador contra la dictadura batistiana; al combatiente de Alegría de Pío, El Uvero, La Plata, Arroyo del Infierno, El Hombrito, Pino del Agua; al jefe de la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo; al héroe de Santa Clara; al hombre que a partir del 1ro. de enero de 1959 fue cronista de la Revolución, impulsor y ejemplo del trabajo voluntario; presidente del Banco Nacional de Cuba, Ministro de Industrias; representante en diferentes eventos internacionales, como la Asamblea General de la ONU y la Reunión de Punta del Este, Uruguay; al guerrillero de Bolivia, del Congo y del mundo entero.

Pero más allá de cualquier territorialidad, el Che se sintió patriota de Latinoamérica y del mundo, por cuya justicia cayó combatiendo en las selvas bolivianas.

http://www.juventud rebelde.cu/ cuba/2010- 02-09/che- ciudadano- de-america- y-del-mundo/



-- Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"

Por lobogabriel - 9 de Febrero, 2010, 7:31, Categoría: memorias
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Identifican a 11 desaparecidos de La Moneda en 1973

Estimados amigos, artistas y colegas

     Les escribo para compartir con ustedes un hecho de importancia nacional y de mucho dolor para mi. Mi padre, Héctor Ricardo Pincheira Núñez, Médico y asesor de Allende, Detenido Desaparecido desde el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973, después del análisis de ADN nuclear realizado, se confirma que fueron encontrados sus restos en el Fuerte Arteaga. Los detalles son escabrosos, algunos de ustedes conocen la historia, pero finalmente, por duro que sea ésta, es importante descubrir las atrocidades cometidas en dictadura. Es importante hacerlas visible en el panorama político que estamos viviendo. La información se nos entrego el lunes a los familiares por el equipo investigador de Servicio Médico Legal y el juez Fuentes Belmar. A pesar que ha sido publicado en algunos medios, creemos que no ha tenido la cobertura que se merece. El grupo que estuvo hasta último momento en la Moneda, resistiendo el Golpe, se merece ser tratado como héroes, fue por sus convicciones que permanecieron en la Moneda defendiendo la constitucionalidad. Como ustedes saben, yo he desarrollado un constante trabajo artístico en relación a esta historia, que también es la mía, de manera velada o explicita, he tratado de hacerla visible, es por esta razón que comparto con ustedes este hecho, si alguno de ustedes cuenta con medios de comunicación, de la índole que sea, se les agradece difundirlo.

Adjunto un artículo que salió en La Nación, este lunes pasado.

Saludos Afectuosos

Máximo Corvalán-Pincheira

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Identifican a 11 desaparecidos de La Moneda en 1973

Por Jorge Escalante / Lanacion.cl

Entre los reconocidos se encuentran los colaboradores de Salvador Allende, Enrique Paris Roa y Héctor Pincheira Núñez, y nueve integrantes del GAP. Nombres de las víctimas aparecían como “lanzados al mar” en informe del Ejército a la Mesa de Diálogo.

Habla el subteniente que disparó la ametralladora: La otra cara de la moneda

Uno a uno fueron cayendo los cuerpos a un pozo de casi 10 metros de profundidad. En medio de un “¡viva la revolución chilena!” y ruidos de metralla llegó el fatídico final de los prisioneros de La Moneda ese jueves 13 de septiembre en Peldehue. Aquí habla el hombre que los fusiló.

Por Jorge Escalante

 Nacion Domingo

Con las manos húmedas y temblando el subteniente de 21 años tomó la ametralladora instalada en tierra y los mató de a uno. Pero alcanzó a ejecutar sólo a cinco de los 20 prisioneros. Cuando le disparó al quinto lanzó un grito desgarrador que retumbó en los cerros de Peldehue: “¡no puedo más!”. Entonces otro militar del regimiento Tacna tomó el arma y continuó la masacre. Minutos más tarde los hombres más cercanos a Allende, apresados en La Moneda el día del golpe, estaban muertos.A las 10 de la mañana del jueves 13 de septiembre de 1973 el comandante del Tacna, Luis Joaquín Ramírez Pineda, le ordenó al subteniente comandar el grupo de 14 efectivos, entre oficiales, suboficiales y clases, que debía conducir esa misma mañana a los prisioneros para ser fusilados en Peldehue. Ni él, ni los tres suboficiales a quienes entrevisté, tienen duda de que la orden para matarlos la dio Ramírez, aunque suponen que la decisión no la tomó solo.

Pero Juan Seoane, jefe de los detectives asignados a La Moneda que combatieron el día del golpe y que también fue tomado prisionero y llevado al Tacna, afirma que Ramírez quería matarlos esa misma tarde. “Gritaba descontrolado y ordenó ejecutarnos en el mismo regimiento, pero otros oficiales lograron convencerlo de que no era el lugar adecuado. El preparó toda la ejecución”, dijo.
Hoy el general Ramírez Pineda está preso en Buenos Aires esperando que un tribunal argentino resuelva si lo extradita a Francia, donde es requerido por el secuestro y desaparición del médico siquiatra, ex asesor del Presidente Allende, Georges Klein Pipper, uno de los ejecutados en Peldehue de La Moneda.Pero Ramírez ha negado todo ante los tribunales chilenos. Diez días antes de ser arrestado por la Interpol en Buenos Aires, el pasado jueves 12 de septiembre por una orden de captura expedida desde Francia, prestó su última declaración ante un juez y volvió a negar todo.

Dramático encuentro

El subteniente es hoy una persona de 50 años, destruida síquicamente.“Cada noche me atormento con el recuerdo de lo que hice y he pensado en quitarme la vida”, dijo. La conversación de dos horas con él fue dramática y estremecedora.

A los pocos minutos el hombre estaba llorando desconsoladamente. Se arrancaba los cueros ya resecos de sus manos, hechas tiras por la desesperación. Nunca paró de llorar o sollozar.“Si no hubiera sido sólo un subteniente de 21 años a lo mejor me habría atrevido a decir que no, pero era mi vida o la de ellos”, repetía mirando al cielo despejado en esa mañana calurosa de sol que hablamos sentados en una plaza al oriente de Santiago.“Lo único que le pido es que me proteja, y ya que me ubicó, nunca mencione mi nombre, se lo pido por mis hijos y mi esposa. No me traicione para poder volver a creer en el ser humano”.

La forma cómo lo dijo y lo que dijo me remeció. Por ello, y a pesar de que su nombre y declaraciones están registrados en el proceso por los desaparecidos de La Moneda que instruye el juez Juan Carlos Urrutia del Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, éste se omite en la crónica y se le nombra como “El subteniente”.“Cuando me llamó y no me quiso decir de qué quería hablar conmigo, pensé que usted era un familiar de las víctimas. Mi cabeza me daba vueltas porque no sabía cómo iba a enfrentarlo”, fue lo primero que dijo.
Como instructor de la Batería de Plana Mayor del Tacna, “El subteniente” fue uno de los que ingresó a La Moneda después del bombardeo al mando de un contingente. Fue herido en un hombro y su casco impactado por tres balazos disparados por quienes resistían en el palacio de gobierno. Los otros tres suboficiales con quienes conversé también combatieron ese día, disparando hacia el palacio y las terrazas y ventanas de los edificios colindantes, desde donde fueron atacados con nutrido fuego. “Yo trataba de darle al cabrón del GAP que estaba en uno de los balcones de La Moneda con una punto 50, causando varias bajas entre nosotros”, dijo uno de los suboficiales.

Sale la caravana

Cerca de las 11 de la mañana de ese 13 de septiembre la comitiva con los prisioneros salió del Tacna. Los detenidos, unos 20 o poco más, coinciden los testigos presenciales, fueron subidos a un camión militar sin toldo con las manos amarradas con alambre a la espalda y sin venda en los ojos. “Iban todos tendidos en el suelo y tapados con una lona”, recuerda el suboficial a quien llamaremos “Uno”.
La conversación con él fue acordada a las doce y media de la noche de un día para llevarse a efecto a la mañana siguiente, fresca y seminublada, en una esquina cercana al centro. Los tres suboficiales pidieron lo mismo: no ser identificados con su nombre, a pesar de que también ya declararon ante el juez Urrutia. “Ni mis hijos ni mi esposa saben en lo que me tocó participar, nunca les he dicho”, dijo “Uno”.
Antes de que los detenidos fueran subidos al camión, “Uno” afirma que “había un militar, un oficial que estaba de civil, alto, delgado, de pelo largo, cara huesuda, moreno, que fue identificando a cada uno de los prisioneros. Los identificaba y los subían al camión. Se decía que él había operado infiltrado en el GAP de Allende y por eso conocía a todos los GAP y asesores del Presidente”. Cuando todo estuvo preparado, “Uno” afirma que “al momento de salir, el coronel Ramírez ordenó quién iba en tal o cual vehículo y a cargo de tal o cual armamento”. El camión salió conducido por el suboficial Alfonso Cerón Espino, ya fallecido. A su lado iba un oficial. “Sentados en la baranda de la parte de atrás, custodiando a los presos, iban cuatro militares. Dos en cada baranda. En la baranda izquierda iba el subteniente Maureira y un suboficial, y en la derecha iban sentados los cabos Soto y Bravo”, afirma “Uno”.(El suboficial “Dos” negó haber participado en el grupo que sacó a los presos a Peldehue, pero “Uno” asegura que iba en el camión. “Tres” también lo negó, aunque todo indica que también fue parte, pero sin embargo admitió haber integrado la brigada Puren de la DINA desde sus inicios hasta el final, y luego haber servido en la CNI.

Ambos confirmaron el episodio con los prisioneros de La Moneda.El camión viajaba entre dos jeeps militares que lo escoltaban. Cada uno de ellos portaba una ametralladora desmontable. “Uno” conducía el jeep que seguía al camión. En cada jeep iban cuatro militares del Tacna. En total iban 14 efectivos.

Un disparo en el camión

Al salir del regimiento se les unió un automóvil particular con tres civiles a bordo. “Se notaba que eran oficiales de civil, pero no del Tacna”, sostiene “Uno”.“Al cruzar el Mapocho rumbo a Peldehue se nos unió el otro auto particular con un civil y dos oficiales en uniforme, pero sin grados.
Ese fue el vehículo que quedó encabezando la caravana”, dijo. Durante el trayecto uno de los prisioneros gritó e intentó zafarse de la lona, por lo que uno de los custodios hizo un disparo, hiriendo en la mano izquierda al suboficial que viajaba en una de las barandas. El clase que viajaba a cargo de la ametralladora en el jeep de “Uno” quiso comenzar a disparar para matarlos a todos de inmediato, pero éste se lo impidió diciéndole que era una locura. Arribados al predio del Ejército en Peldehue que servía de lugar de campaña al Tacna, uno de los dos militares uniformados sin grado unidos al grupo y quien quedó comandando toda la operación, dio la orden de bajar a los detenidos. A “Uno” y a los otros les parece que, por los rasgos físicos, podría tratarse del entonces mayor Pedro Espinoza Bravo, quien luego fue el segundo hombre de la DINA, pero admiten dudas.Los prisioneros fueron bajados de a uno.. “Se veían tranquilos y enteros, solo uno lloró y dijo que era inocente”, recuerda “Uno”. Formados todos en tierra, el oficial a cargo dio la orden a “el subteniente” de que procediera.

La ejecución

“Se desmontó una de las ametralladoras de los jeeps y se instaló como a unos 10 metros. Había un pozo profundo. Cada detenido fue parado frente al pozo, de espaldas a la ametralladora, y entonces yo comencé a disparar”, afirmó “El subteniente”.“Todos al ser ejecutados conservaron su dignidad y no se produjeron intentos de fuga. Ninguno pidió clemencia y algunos murieron gritando consignas políticas”, es otro de sus recuerdos..“¡Viva la revolución chilena!”, dice “Uno” que escuchó a la distancia, donde junto a los suboficiales y clases fue instalado para proteger un amplio perímetro durante la operación.
Los cuerpos iban cayendo pesadamente al pozo de 8 a 10 metros de profundidad por 2,5 a 3 metros de diámetro. “Estaba seco, porque antes se había tratado de sacar agua para hacer una noria”, recordó “Uno”.Ejecutados todos, el oficial sin grado que hizo de jefe en el lugar los formó al personal y lo arengó: “Lo que ustedes vieron y escucharon jamás existió, recuérdenlo muy bien. Todo se hizo por la patria. Estos marxistas merecían morir. Ahora, regresarán a su unidad”.Pero antes de partir, “El subteniente” sostiene que “los oficiales que vigilaron la operación lanzaron granadas al interior del pozo.
De los que se acoplaron a nuestro grupo, el oficial a cargo era una persona de unos 30 o 40 años, tenía estatura media, contextura corpulenta y usaba unos bigotes”. Ese podría ser Pedro Espinoza.

La arenga de Ramírez

De regreso al regimiento, el coronel Joaquín Ramírez formó a todo el grupo que nominó para el traslado y ejecución de los prisioneros y les dijo: “Esto era lo que había que hacer con esa gente, todos peligrosos marxistas. A ustedes no les pasará nada porque todos ellos fueron condenados en un rápido juicio por un tribunal militar. Quédense tranquilos”. “El subteniente” y “Uno” no olvidaron esas palabras de Ramírez, como tampoco lo que debieron hacer en Peldehue.“Me doy cuenta de que no puedo olvidar nada, he estado en tratamiento siquiátrico y por eso tuve que dejar el Ejército en 1983. Cada vez que el juez me llama a interrogatorio me voy con mi maletita con mis cosas. Espero que me pase cualquier cosa.. Yo vivo solo el día, si fue triste, si fue menos triste, si lloré más o lloré menos, ese fue un día más que viví”, dijo en otro ataque de llanto desatado “El subteniente”.
- ¿Hay algo que pueda ocurrir para que usted alivie su dolor? -le pregunté conmovido-.
- Yo creo que nada -respondió con lentas palabras-. - ¿Ha pensado en encontrarse con los familiares de las víctimas?, tal vez eso podría ayudarlo a despejar parte del conflicto. - Lo he pensado alguna vez, pero es muy difícil. Entonces le dije que tenía que hacerlo, porque eso le iba a ayudar, y le ofrecí contactarlo con algunos de ellos. Lo sentí un hombre absolutamente entregado y sobretodo desprotegido, inmensamente vulnerable. A pesar de todo, mantenía un nuevo trabajo y hablaba de sus hijos y su esposa. Había pasado años sumido en el alcohol y le había resultado peor. Ahora estaba lejos de ello. Me di cuenta de que él mismo era una víctima de sus muertos que lo perseguían. “Dejemos que siga el camino de la justicia”, dijo al despedirnos, y pasó a un almacén a comprar pastillas de menta. 1978: Del pozo al helicóptero

Cinco años más tarde, a las 07.30 de una mañana de diciembre de 1978,

“Uno” caminaba de uniforme por el sector del Parque O’Higgins para ingresar al Tacna. Sintió pasos detrás suyo que se apuraron al verlo y escuchó que lo llamaban. Pensó que lo querían asaltar y también apuró el tranco y entró al regimiento. Inició sus actividades diarias pero a los pocos minutos lo llamó el comandante del regimiento. “Me llamó el coronel Ricardo Canales, y me dijo que tenía que acompañar a unos señores a hablar con un general al ministerio de Defensa. Quédese tranquilo que no le va a pasar nada”, dice “Uno” que le dijo el coronel Canales Varas. Su sorpresa fue grande cuando se dio cuenta de que “los señores” eran los civiles que lo habían seguido momentos antes.Partieron al que hoy es el edificio de las Fuerzas Armadas y subieron al quinto o sexto piso.

Esperaron unos minutos y los hicieron entrar a una oficina.“A mi me parece que era el general Morel, era alto, maceteado, medio canoso y de frente muy ancha. Me dijo mire... usted sabe donde enterraron a los de La Moneda y hay que limpiar el lugar. Usted será quien indique el lugar preciso”, recuerda “Uno” que le dijo el general. Sus cálculos son que ese general era el comandante de la Guarnición de Santiago “que es el que manda y resuelve todo en una región militar”.Y el general Enrique Morel Donoso, edecán de Augusto Pinochet entre 1973 y 1974, fue nombrado comandante de la Guarnición de Santiago en noviembre de 1977. Sus rasgos físicos coinciden con los que “Uno” dio en nuestra conversación. Los civiles regresaron a “Uno” al cuartel y allí entonces el comandante Canales le dio la orden de guiar a personal de inteligencia del regimiento a Peldehue, para ubicar el lugar exacto y realizar el desentierro.

Con retroexcavadora y pisco

La alarma había sonado en los cuarteles después de que a fines de 1978 se descubrieron los 15 cuerpos de los campesinos en los hornos de Lonquén, cerca de Santiago. Era el primer hallazgo masivo de víctimas y la orden fue comenzar a limpiar los entierros clandestinos numerosos, para evitar nuevos problemas.“Uno” partió en un vehículo guiando a un reducido grupo de personal de inteligencia del Tacna que vestía de civil. No iban oficiales. Los puntos de referencia eran un montón de árboles y una construcción que servía para el rancho durante las campañas del regimiento. A “Uno” no le costó mucho hallar el pozo que ahora estaba totalmente cubierto y señaló el punto exacto.

Luego apareció una retroexcavadora y un camión con clases que iban preparados con palas y guantes para realizar la operación más fina. “Ahora llegó el capitán Luis Fuenzalida Bravo para hacerse cargo de la tarea. El era el jefe de Inteligencia del Tacna”, dice “Uno”.“La retroexcavadora comenzó a cavar profundo hasta que aparecieron los primeros restos”. “Uno” recuerda que algunos de los cuerpos que no alcanzaron a ser destrozados por las granadas estaban enteros y guardaban rasgos físicos, dada la característica de la tierra de la zona.

“Los fueron sacando con palas de mano y metiendo en sacos. La descomposició n parece que se aceleró al entrar el oxígeno y el olor era insoportable. La gente se tomó varias botellas de pisco para poder trabajar”. De repente llegó el comandante Canales a verificar que todo se estaba cumpliendo como se había ordenado por el general que habló con “Uno” y por él. Una vez ensacados cuerpos y restos, apareció un helicóptero. “Eran ya cerca de las ocho de la noche y había luz natural todavía. Pero el espectáculo era tremendo.

Empezaron a subir los sacos al helicóptero. Sabíamos que los iban a tirar al mar. Eso se sabía”, rememoró “Uno”, aclarando que no le tocó palear para sacar los cuerpos. El helicóptero elevó el vuelo y todos regresaron al Tacna. Allí se ducharon y se refregaron varias veces, todavía medio borrachos, y quemaron toda la ropa con la que habían trabajado.

Huellas en la tierra

Luego de terminada a mediados de 2000 la mesa de diálogo sobre Derechos Humanos y evacuado en enero de 2001 el informe de las Fuerzas Armadas sobre el destino de 200 detenidos desaparecidos, el pleno de la Corte Suprema designó a la ministra Amanda Valdovinos para que investigara un antecedente anónimo que mencionaba: “A cinco kilómetros del recinto de campaña, en una caverna frente al sector cordillerano NASA, veinte cráneos”. Después de múltiples búsquedas apoyada por peritos de diversos servicios y la policía de Investigaciones, a fines del primer semestre de 2001 la magistrada logró dar con la “gran fosa” como la calificó en sus informes a la Corte Suprema. Los datos que aportaron militares que participaron tanto en los fusilamientos como en el posterior desentierro de 1978, fueron fundamentales para hallar el lugar.

Ubicada la fosa (o el pozo según “Uno”), la magistrada fue encontrando piezas óseas múltiples (unas 500), entre dientes y fragmentos de cráneo y mandíbulas. Otro hallazgo avala los relatos de “El subteniente” y “Uno”: “se encontraron restos de granadas, material balístico y numerosos elementos culturales de la época (1973)”, estableció la jueza en su primer informe del 8 de marzo de 2002.“Se trata de restos de personas que estuvieron en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973, fueron trasladadas al regimiento Tacna, y posteriormente a Peldehue donde habrían sido fusiladas días después”, escribió la ministra en el mismo informe.Veintinueve años después, la tierra habló y algunos de los actores principales también.

De acuerdo a los largos peritajes médico legales practicados por un equipo del Servicio Médico Legal y peritos particulares designados por la magistrada, se logró concluir, aunque aún no se da a conocer oficialmente, que los restos hallados pertenecen a 13 (o 14) personas, todos ex asesores del Presidente Allende y ex integrantes de su guardia personal GAP.Estos son: Jaime Barrios Meza; Daniel Escobar Cruz; Enrique Huerta Corbalán; Claudio Jimeno Grendi; Georges Klein Pipper; y Arsenio Poupin Oissel, todos ex asesores. Y los ex GAP: Oscar Lagos Ríos; Juan Montiglio Murúa; Julio Moreno Pulgar; Julio Tapia Martínez; Oscar Valladares Caroca; Juan Vargas Contreras; y Domingo Blanco Tarrés, jefe del GAP. Son los desaparecidos de La Moneda, cuyos cuerpos aún faltan encontrar.

Los 13 aparecen como “lanzados al mar” en el informe de las Fuerzas Armadas, como efectivamente “Uno” dice que habría sido. Lo que ocurrió es que la operación no fue “limpia” (como también sucedió en Calama y Chihuío) y los huesos que quedaron permitieron verificar la masacre de Peldehue.

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Máximo Corvalan-Pincheira

Artista Visual

www.maximocorvalan. cl

Por lobogabriel - 8 de Febrero, 2010, 9:32, Categoría: memorias
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CELIA SÁNCHEZ: "TODOS CONFIABAN EN ELLA Y NINGUNO FUE DEFRAUDADO"

por Giraldo Mazola
Cuando murió le faltaban cuatro meses para cumplir 60 años de edad. Fue hace 30. Muchos aseguran que, como las personas buenas no mueren, ella aparece entre las flores, los helechos arborescentes o las chinas pelonas de los arroyos de la Sierra.

Y también en las muchas obras que aún conservan su impronta, en la belleza de los detalles que sugería a arquitectos e ingenieros, que luego las hacían suyas. El Parque Lenin, la Casa de los Cosmonautas o el Palacio de las Convenciones, lo atestiguan.

Es algo que se inició mucho antes, con su infinita capacidad de crear recuerdos imperecederos. Junto a su padre vindicó al Apóstol en el año de su centenario colocando en la cresta del pico Turquino el busto de Martí, que desde allí oteaba el horizonte como reclamando la conclusión de su obra.

Ella no sabía que ese mismo año, en Santiago, un centenar de jóvenes iniciarían el intento de reivindicarlo, inmolándose en el cuartel Moncada. Tampoco imaginó que volvería a aquella cúspide acompañando al líder de los moncadistas, vestida de verde olivo, como primera guerrillera con un fusil colgado en su tierno hombro de mujer.

Con el humanismo que heredó de su padre y la sensibilidad de la madre, organizó con los nombres de Norma, Aly, Carmen, Liliana o Caridad, la base de apoyo del incipiente movimiento guerrillero, creciendo ella misma con el vigor incontenible de esa fuerza y convirtiéndose en la sencilla e insustituible Celia, con cuyo nombre la ha eternizado nuestro pueblo. No en balde, Armando Hart afirmó en su oración fúnebre que “será imposible escribir la historia de Fidel Castro sin reflejar a la vez la vida de Celia.”

Después de la victoria de enero de 1959 prosiguió, con idéntica sencillez y sensibilidad, alejada de publicidad y ostentaciones, su trabajo de apoyo a toda la obra generada por Fidel.

Tuvo tiempo para recopilar una detallada documentación de la lucha revolucionaria, que sentó cátedra y promovió seguidores y que ha enriquecido la historia de la Revolución Cubana.

“La tía”, como muchos la llamaban cariñosamente, con su flor predilecta, la mariposa, adornando a veces su cabello o entre los dedos, como mujer delicada y tierna que era, estaba atenta y alerta a todo.

Como acertadamente dijera su colaboradora Nelsy Babiel, “Celia estaba en todo y no aparecía en nada; evadía las entrevistas para evitar que se resaltara su obra. Su maternal preocupación por cada compañero, por cada familia campesina, en los días de la lucha guerrillera, se extendió, tras la victoria, a su pueblo. Todos confiaban en ella y ninguno fue defraudado.”

Tuve el privilegio de verla con frecuencia cuando me designaron en 1960 al frente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, que ahora cumple sus cincuenta años.

En la base de ese organismo está su mano delicada, su sugerencia oportuna, su alerta temprana y su pupila protectora. Sigue inspirándolo con su ejemplo.

El Comandante en Jefe, tuvo una política muy original y directa para impulsar las nuevas tareas que organizaba.

No recuerdo que en la primera década después del triunfo revolucionario me hubiera convocado a su oficina. Lo veía con frecuencia cuando él visitaba el ICAP o lo acompañaba a un hotel o residencia a ver un dirigente extranjero o una delegación. También cuando se presentaba de improviso en el recorrido por alguna obra de la revolución para conversar con ellos. En esas ocasiones “chequeaba” mi trabajo, reiteraba lo que esperaba lograr del ICAP, me daba indicaciones, me hacía críticas o atendía solicitudes que le hacía, así, sobre la marcha.

Celia era la persona que con dulce pero firme trato venía después a controlar el cumplimiento de lo que me había indicado o a comunicarme la solución que Fidel orientaba sobre algún problema que le hubiera planteado. Siempre, sin falta, me daba sugerencias y consejos. La asocio, pues, al nacimiento y desarrollo de esa institución.

De esos recuerdos no olvido que la primera vez que fue al ICAP me dijo Usted delante de todos. Hasta ese momento nadie me había llamado de ese modo. Yo la traté de tú, no por falta de educación sino porque inspiraba confianza y ella, imperturbable, persistía en el trato de Usted que mantuvo siempre después.

Cuando se retiró me quedé pensando y lo que me vino a la mente era que por alguna razón quería establecer una barrera y la causa pueril que imaginé era que no le caía bien por algún motivo.

Muchos años después, cuando estaba de embajador en Argelia, la visité en la calle Once donde residía modestamente, pues se había empeñado, con esa preocupación constante por todos, en que continuara mis estudios universitarios interrumpidos por la lucha clandestina y me había matriculado, sin yo saberlo, en el curso que ella inició en la Escuela Superior del Partido Ñico López, enviándome por la valija las notas mecanografiadas de las clases a las que ella asistía. Ante mis argumentos de la complejidad de estudiar de ese modo me retaba, con su ejemplo, siguiendo el curso, a pesar de tener mayores complicaciones que yo.

Le recordé aquella ocasión en que me había dicho Usted por primera vez y las tonterías que pensé entonces. Se rió mucho y me explicó la influencia de su padre en la formación de esa forma de tratar a las personas a las que se les debía evidenciar respeto. Cuando le dije que en esa época yo era un joven imberbe y no un personaje importante, me respondió que en efecto era muy joven, pero que estaba investido por la Revolución de una autoridad que era necesario reforzar y eso hacía. Me dio otra lección esta vez de que sus acciones siempre tenían un objetivo.

Cuando me gradué por fin de Licenciado en Ciencias Sociales ya había fallecido; no pude agradecerle su estímulo para lograrlo o volver a escuchar que me tratara de Usted, pero una mañana soleada fui al cementerio con un ramo de mariposas y mi título, y conversé allí a solas con ella.
Fuente: Cubadebate
Boletin Por Cuba (Año 8 Número 4)

Por lobogabriel - 13 de Enero, 2010, 9:34, Categoría: memorias
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Para no creer: La invasión a Panamá fue llamada “Causa Justa”

José Luis Méndez Méndez

Publicado el 20 Diciembre 2009

En horas de la tarde noche del 19 de diciembre de 1989, comenzó la décima tercera invasión de los Estados Unidos a Panamá, una de las más ensayadas desde 1855, cuando comenzaron a invadir al país istmeño.

Daba inicio la Operación Justa Causa (Just Cause ) con el supuesto objetivo de sacar del poder al general Manuel Antonio Noriega, sindicado de ser narcotraficante, quien había asumido la conducción del país el 16 de diciembre.

Al terminarse el día 19 y dar inicio al nuevo día el entonces presidente George H.W. Bush, anunciaba al mundo desde la Casa Blanca, que había dado inicio a esa nueva operación quirúrgica contra un pueblo hermano, que había derramado su sangre en varias ocasiones en contra de la presencia militar norteamericana en su territorio, instalada durante décadas por medio de más de una docena de bases militares dislocadas a las puertas de su capital en el océano Pacífico y otras en el Caribe.

Bastaba cruzar el Puente de las Américas, para encontrar las bases navales, aéreas y de todo uso, desde donde en esa década habían partido miles de operaciones de espionaje contra países de la región y participado activamente en la guerra sucia contra Nicaragua y los movimientos insurgentes en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Desde las bases Rodman, Koobe, Howard, Albrook Field, partían las incursiones de militares norteamericanos en los meses precedentes a la invasión, en un ensayo permanente, también la provocación contra el cuartel central de las Fuerzas de Defensa panameñas, que ocasionó la muerte de un militar estadounidense, hecho que tensó aún más la situación y creó las condiciones para la ocupación.

El recinto militar estaba ubicado en el humilde barrio de El Chorrillo, arrasado después por las devastadoras armas norteamericanas que se estrenaron en ese escenario bélico y que causó miles de víctimas colaterales. También la ciudad de Colón y sus pobladores, sufrió el ataque de los invasores.

En la base militar norteamericana, Fort Clayton tomó posesión la troika , que había concurrido a las urnas en las elecciones y de esa forma espuria se hicieron del poder bajo la fuerza y el terror de los soldados de la 82 División Aerotransportada y de 193 Brigada de Infantería con asiento en ese enclave castrense, así como otras fuerzas de varias armas que ocuparon el país en toda su extensión, para someterlo y cambiar su rumbo político, dejando a su paso la destrucción de instalaciones, la muerte de ciudadanos y causando secuelas indelebles en muchos panameños.

En los días inmediatos a la invasión, el mando militar norteamericano y en particular en general de brigada Marc Anthony Cisneros , había expresado con sorna y desprecio por el enemigo, que al comenzar el ataque estaría tomando una cerveza y al terminar su punitiva labor regresaría tan rápido, que aún estaría fría. Pero los cálculos del estratega norteño se enfrentaron a la resistencia nacional, que dio muestras de coraje y valentía a pesar de la superioridad numérica y en armas. Los aviones fantasmas Stealth , irrumpieron en el espacio aéreo panameño causando pavor, armas de exterminio masivo fueron ensayadas, era un laboratorio que ponía a prueba los adelantos para producir la muerte. Dos años después lo harían con letal eficacia en Irak.

Las fuerzas norteamericanas durante días dejaron que el pillaje promoviera el caos en la ciudad, el saqueo de los almacenes de la Vía España, de las áreas comerciales de El Dorado y otros puntos, fueron objetos del vandalismo, que pretendía inmovilizar y desviar la firmeza de los opositores.

Desde marzo y octubre de 1988 cuando habían gestado intentos de golpes de Estado, para sacar del poder a los militares panameños y a los presidentes legítimamente elegidos, que fracasaron por la intervención de fuerzas leales, comenzó una invasión silenciosa de militares norteamericanos, que se posesionaron en viviendas y desarrollaron un vasto plan de búsqueda de información sobre la capacidad defensiva de las Fuerzas de Defensa, estudio del teatro de operaciones futuro, también se puso en marcha una verdadera cacería contra el general Noriega y los principales jefes militares. Fueron sobornados hombres muy cercanos a él.

Los blancos a atacar fueron cuidadosamente seleccionados, no solo militares, sino también civiles como el mencionado barrio, que devino en mártir y fue virtualmente desaparecido como lo fue el Centro Recreativo Militar, CEREMI, instalado cerca del aeropuerto internacional de Tocumen, llevado a escombros por la aviación invasora por suponer que Noriega se había refugiado ahí; o la base aérea de Río Hato, que recibió un impacto desproporcionado de los agresores.

El barrio trabajador de San Miguelito, opuso tenaz resistencia al ocupante desde el inicio de la invasión, en otros puntos de la capital y el país los focos populares causaron bajas a los intervencionistas, que habían sido persuadidos por sus jefes de que sería un episodio de puro trámite donde los pobladores los recibirían con banderitas y flores.

El asedió a las Embajadas y Organismos Internacionales acreditados fue intenso para evitar que seguidores del gobierno depuesto o simplemente el pueblo recibieran refugio. Las sedes de Cuba, Nicaragua, Perú y Venezuela, entre otras, fueron hostigadas, colocados los famosos Check Point , que intentaban violar las más elementales normas del derecho internacional, que protegían a los funcionarios diplomáticos y sus familiares.


Especialistas del “proyecto golpe”, grupo ínter agencias norteamericano compuesto por experimentados gestores de golpes de Estado, como John Maisto , quien en los primeros días de la invasión abandonó el país invadido, después de haber creado la llamada Cruzada Civilista Nacional, que jugó un rol decisivo en los preparativos previos, inspirada y creada a semejanza con el llamado Namfrel , Movimiento Nacional por unas Elecciones Libres, que tomaron experiencias en el derrocamiento de Ferdinando Marcos, en Filipinas en 1986 donde Maisto, también incursionó, primero lo había hecho en Chile, durante el gobierno de la Unidad Popular y después fue embajador en Nicaragua, Venezuela y ante la OEA, para redondear su currículo intervencionista.

Veinte años después las amenazas se ciernen nuevamente con el “regreso a casa” del “poder inteligente” del nuevo inquilino de la Casa Blanca a América Latina, con la instalación de nuevas y renovadas bases militares, puntas de lanza para desestabilizar la región. En Panamá, los acuerdos Torrijos Carter restituyeron a la nación istmeña el control de esas instalaciones militares norteamericanas, pero aún algunas estarán hasta el 2015 y tal vez más allá, si los gobiernos de turno acuerdan con el Imperio, con el gastado pretexto de enfrentar al terrorismo y al narcotráfico, la permanencia más allá de las caducidades como garras del águila usurpadora.

Como dijera ese grande del periodismo internacional Julius Fucik en líneas de su reportaje al pie de la horca: “Hombres, os he amado. ¡Estad alerta!”

 http://www.cubadeba te.cu/opinion/ 2009/12/20/ para-no-creer- la-invasion- a-panama- fue-llamada- causa-justa/

Por lobogabriel - 21 de Diciembre, 2009, 14:00, Categoría: memorias
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